Nos encontramos en uno de los parajes con más encanto de la comarca. Entre un bosque de quejigos aparecen bellas cascadas originadas por surgencias que brotan en lo alto.
Tobera bello lugar, cantado por poetas y plasmado por los pintores en sus lienzos. El río Molinar divide al pueblo en dos barrios, tras llegar a él en un constante bajar, formando innumerables cascadas, después de haber pasado un desfiladero cuyas paredes parece tocar el cielo.
En este desfiladero a modo de circo de rocas, aparece la cascada, de increible belleza formada por la naturaleza y el hombre. Altas rocas forman como un volcán, al que atraviesa el riente Molinar con su puentecito romano-medieval. A su vera la románica Ermita de Nuestra Señora de la Hoz y a sus pies la del Cristo de los Remedios, no hay pluma que pueda describir esta belleza, es necesario verlo y respirar su entorno.
Este río Molinar en su constante bajar ha sido aprovechado para dar riqueza. Este modesto río atraviesa los elevados montes de los Obarenes, creando una estrecha garganta de un alto valor paisajístico. Ha sido este desfiladero importante vía de comunicación, por donde transcurría una antigua calzada romana que unía La Bureba con Orduña.
Hoy hay una central eléctrica. Funcionaron numerosos molinos en tiempos lejanos y cercanos y batanes. Ya en el siglo XII había una fábrica de papel, se dice que sería una de las más antiguas de España. D. Celestino Herrán, párroco de Frías allá por 1880 en su história de frías que según constaban en los libros antiguos de la parroquia se dice que ya existía la fábrica de papel en dicho siglo XII.
Tobera ya suena a principios del siglo XI cuando Gómez Díaz y su mujer venden al Conde D. Sancho la villa de Oña a cambio de este lugar “cum suas casas...terras, uineas, molinos..." Pasó a ser barrio de Frías en el año 1489.
Destaca en el lugar la iglesia de San Vicente, parroquia servida por los canónigos de Vadillo a quienes tocaban los diezmos.
Quizá como consecuencia de haber sido una antigua hospedería de peregrinos, paso también a manos de los canónigos de Vadillo. Este edificio pertenece a los años de transición del románico al gótico, por los años en que Frías es repoblada. Junto al santuario una pequeña ermita y cruzando el río Molinar un puente romano de un único ojo. En este enclave podemos plasmar una bella instantanea, ya que la construcción de la iglesia bajo la roca hace de esta, similitudes con otros santuarios muy conocidos.
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